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La Intepretación Acaba La Inspiración

La Intepretación Acaba La Inspiración

El tema que abordaré hoy en esta columna proviene de los tantos que me sugieren amigos y conocidos que de una u otra manera tienen alguna cercanía con el folclor vallenato, el cual indudablemente comparto y es uno de los que me ha generado cierta preocupación. 

Una mañana de noviembre me amigo Rafael Oñate Rivero me dijo: Jorge, un tema que yo no sé si tu lo has ventilado en tu columna y que yo he venido analizando, es la manera como algunos buenos y prolíficos compositores vallenatos en alguna oportunidad se inclinan por la interpretación y específicamente por el canto y en casi todos los casos terminan con la musa opacada o sencillamente cerrada. 

Mi amigo folclorólogo de inmediato se apresuró a sustentarme su tesis, suministrándome un interminable listado de aquellos que se han aventurado a probar como intérpretes y al parecer han olvidado su condición de compositores. 

Todos los compositores tenemos épocas o temporadas en las cuales producimos más abundantemente que en otras, así como también tenemos periodos en los cuales se nos aleja casi totalmente la musa. En alguna oportunidad escribí una columna titulada ¿Por qué se nos van las musas? Y allí afirmé que el inmortal compositor Rafael Escalona Martínez fue muy criticado e incluso vilipendiado porque por mucho tiempo dejó de componer; lo mismo ha ocurrido con varios de nuestros juglares como Leandro Díaz, Adolfo Pacheco, Gustavo Gutiérrez. Creo que a estos dos últimos casos se debe a la preocupación de Oñate Rivero. 

Resulta plausible y además agradable que un compositor después de tener tantas canciones hermosas grabadas por otros y ser reconocido nacional e internacionalmente, piense en dedicarse a llevar en su propia voz a sus seguidores sus obras, pero el contraste es que si hacemos un análisis serio, las estadísticas nos arrojan un saldo negativo, porque en la gran mayoría de casos el folclor no ha ganado un nuevo cantante, pero sí ha perdido a un buen compositor. 

Por estas calendas se han puesto de moda las presentaciones de compositores e incluso en muchos festivales se han institucionalizado noches de compositores, que entre otras cosas, a mí particularmente me gusta más el espectáculo que brindan, que el que ofrecen algunos artistas consagrados; el problema es que, al parecer, al compositor lo obnubilan fácilmente los aplausos de las multitudes y se traga el cuento de que lo están aplaudiendo como intérprete o como cantante y no como compositor: entonces es cuando se ilusiona y emprende la carrera de intérprete, olvidándose en muchos casos de factores como la edad, el carisma y otros que influyen en el éxito. 

Por obvias razones no voy a transcribir la extensa lista de aquellos que, por meterse a cantantes, han perdido la musa, pero ustedes amigos lectores pónganse a hacer el ejercicio y verán lo larga que es; lo que sí quiero es aprovechar la oportunidad para plantearles a aquellos compositores y autores una posible solución al dilema de convertirse en intérpretes que se les presenta casi siempre en alguna etapa de la vida. 

Tengo también varios ejemplos de buenos compositores, de ayer y de hoy, que han sabido armonizar la interpretación de sus obras con mantenerse vigentes como autores, a titulo de ejemplo menciono sólo dos: Hernando Marín y Omar Geles. 

Creo que la clave de toda esta problemática consiste en saber diferenciar que las aptitudes y dones con las que venimos al mundo son distintas en cada persona y que existe un adagio popular muy sabio que debemos aplicar: zapatero a tu zapato; con esto no quiero decir que los compositores no deben probar como intérpretes, sino que no deben crearse falsas ilusiones; cuando un público numeroso los aplaude, en la mayoría de los casos, no lo hace por sus calidades interpretativas, sino por el reconocimiento y la calidad de sus obras. 

Clase aparte son los cantautores natos, a quienes no se aplica lo expresado en este artículo; de ellos también tenemos muchos ejemplos: Calixto Ochoa, Alfredo Gutiérrez, Diomedes Díaz, entre otros. 

COLOFÓN: Como ustedes saben, acostumbro año tras año realizar mi top diez en esta columna; este año he optado por democratizar la elección de los mejores del año, por eso los invito a que me envíen vía correo electrónico sus sugerencias: Canción del año, compositor del año, cantante del año, acordeonero del año, manager o representante del año, álbum del año, agrupación revelación del año, conjunto clásico del año, vida y obra de un vallenato y artista internacional del año.

Este top diez también será difundido en el programa de televisión que dirige mi amigo Rafael Ricardo, para ello recibiremos información hasta el día 15 de diciembre en los correos:

 

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Jorge Nain Ruiz


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